Con el diablo adentro: Las diabólicas cuevas de Mazatlán

Las tardes familiares son tradición en el hermoso puerto de Mazatlán, y nada mejor que pasar el fin de semana por los alrededores de la Glorieta Sánchez Taboada. Este punto es ideal para disfrutar de un rato en agradable y sorprendente con el espectáculo de los clavadistas, pero también esconde otros secretos por debajo de la superficie. Cerca de este lugar existe un icónico y misterioso atractivo que suele erizar la piel de los visitantes con su espeluznante atmósfera. Claro, nos referimos nada más ni menos a la famosa Cueva del Diablo. ¿Quién no ha escuchado un sinfín de historias y leyendas urbanas de esta icónica caverna? Si te interesa, tú mismo la puedes visitar en la parte baja del Cerro de la Nevería. 

En las historias antiguas del puerto, se narra que esta cueva fue utilizada por los piratas de la época para guardar sus grandes tesoros; incluso se dice que se liberó al mismísimo Diablo cuando se realizaron trabajos en la falda del Cerro de la Nevería, haciendo más largo el Malecón, con historias de trabajadores que comentaban que se escuchaban sonidos diabólicos provenientes de lo profundo de la cueva.

En la actualidad, la Cueva del Diablo permanece cerrada con una llamativa puerta color rojo y un gran candado, siendo la única forma de ingresar bajo la supervisión de un guía.

Pero esto no termina ahí, ya que al otro extremo de la ciudad existe otra Cueva del Diablo, bajo las faldas del Cerro del Crestón. Aunque no tiene la fama de su hermana de nombre, se considera que es incluso más peligrosa.

La única manera de encontrarse con esta cueva es recorriendo la parte trasera del Faro en alguna embarcación; en las tradiciones antiguas del puerto también a este punto se le consideraba lugar de almacenamiento de piratas con risas diabólicas en su interior.

Lo más recomendable es no entrar, ya que cuenta con una profundidad de más de 100 metros y una altura de 25, que disminuye conforme te adentras en la cueva.